viernes, 23 de febrero de 2018

WATCHMEN

"Watchmen" está ambientada en 1985, en unos Estados Unidos alternativos, un mundo ensombrecido por el miedo y la paranoia, en el que los superhéroes son parte del tejido de la sociedad cotidiana, seres humanos normales, que antaño se pusieron máscaras para combatir el delito y ahora las usan para esconder sus identidades.
El “Reloj del Fin del Mundo” (que mide la tensión entre USA y la Unión Soviética) marca permanentemente las doce menos cinco de la noche y hombres desesperados inventan medidas desesperadas ante la descarnada vista del Armagedón.
Cuando uno de sus antiguos colegas, apodado El Comediante (Jeffrey Dean Morgan) es asesinado, el vigilante enmascarado llamado Rorschach (Jackie Earle Haley) descubre un complot para matar y desacreditar a todos los superhéroes, actuales y del pasado. A medida que va contactando de nuevo con sus antiguos compañeros de la legión anti-delitos (un abigarrado grupo de superhéroes retirados, de los cuales sólo uno tiene auténticos superpoderes), Rorschach va descubriendo una preocupante conspiración de largo alcance que vincula su pasado común con unas catastróficas consecuencias para el futuro. Su misión es velar por la humanidad, pero en una pintada hecha con spray en una pared de un sombrío y mugriento callejón de Nueva York, hay una pregunta con una advertencia en la que quizá esté la clave de este asunto: ‘Watchmen: ¿quién vigila a los Vigilantes?’


Adaptación a la gran pantalla de una de las novelas gráficas más célebres de todos los tiempos, obra de Alan Moore y Dave Gibbons, llevada al cine por primera vez por el director Zack Snyder.
Una apuesta arriesgada, pues además de la mística del libro (con su intrincada y poliédrica narrativa y diálogos, su simbolismo, sus flashbacks y metaficción), Watchmen ha sido considerada durante mucho tiempo tanto una obra única, como virtualmente imposible de rodar.
Durante más de una década, los productores Lawrence Gordon y Lloyd Levin mantuvieron la fe en que esto último no era verdad, elaborando el proyecto y esperando el momento justo y al director adecuado para dar vida al libro en una forma que estuviese a la altura de la obra.


Como en tantas ocasiones, disparidad de criterios al enjuiciar esta película por parte de la crítica: Que si está encorsetada por su afán de respetar las viñetas originales, que si el espíritu de la novela no está bien transmitido en la adaptación, que si todo se reduce a un juego de efectos especiales, imágenes diseñadas por ordenador y aderezo de la cámara lenta para subrayar ciertas secuencias violentas... Y, por supuesto, los que están entusiasmados e incluso califican a Zack Snyder de director brillante y visionario.
En fin, para todos los gustos, pero lo cierto es que entre los aficionados, la película gustó y el sentimiento mayoritario es que Snyder había sabido llevar a la pantalla la esencia del cómic, al tiempo que respetaba bastante bien la historia y el formato orginales.
Buenas actuaciones de un elenco no demasiado conocido y una banda sonora que incluye unos cuantos buenos temas de clásicos de la música reciente, aunque es cierto que alguno de ellos está metido de cualquier manera.


Y es que Watchmen no es una película de superhéroes, de hecho, salvo el doctor Manhattan (Billy Crudup), ninguno tiene esos poderes mágicos de los superhéroes al uso, si bien es cierto que alguno de ellos ha desarrollado ciertas capacidades por encima de lo humanamente concebible.
El film, con sus momentos de acción, luchas espectaculares y todo ese aderezo que sí que se atiene a los guiones clásicos del género, contiene una reflexión moral sobre el bien y el mal, incluso sobre el poder y hasta qué punto son lícitas ciertas decisiones que implican daños para muchas personas, con el fin de conseguir un bien mayor, en este caso, la garantía de una paz duradera en el mundo.
Una buena película que adapta una historia tan compleja que no me extraña que muchos pensaran que era tarea imposible, pero de la que a mi juicio, salen con bien quienes se arriesgaron a hacerlo.
Una curiosidad: Todas las representaciones de la bandera de EE.UU. que aparecen en el film, tienen 51 estrellas, ya que Vietnam se ha convertido en quincuagésimo primer estado de la Unión.




jueves, 22 de febrero de 2018

THE WIZARD OF LIES

Tras dieciséis años de mentiras, Bernie Madoff (Robert De Niro) está harto. A lo largo de esta década y media, ha estafado y embaucada a todos los inversores potenciales que se le han puesto a tiro, erigiendo una gigantesca estafa piramidal que, al estallar, deja tras de sí decenas de víctimas. Entre ellas, la mujer de Bernie, Ruth (Michelle Pfeiffer), y sus dos hijos, Andrew (Nathan Darrow) y Mark (Alessandro Nivola).
El “mago de las mentiras” del título no es otro que Bernard Madoff, artífice de un monumental esquema Ponzi –una estafa que implica pagar intereses a los inversores con su propio dinero invertido o con el dinero de nuevos inversores–, que colapsó el 11 de diciembre de 2008.
Bernie Madoff había sido presidente de una casa de inversión americana fundada en 1960 bajo su propio nombre. Empezó como corredor de bolsa y fue impulsor del NASDAQ, del que llegó a ser presidente y una de las figuras más respetadas en Wall Street. La categoría del personaje no se queda en lo meramente profesional, sino que alcanza una notoriedad sobresaliente como una verdadera celebridad y un filántropo reconocido.
Pero toda esta fachada, ocultaba tras de si a una persona sin escrúpulos que de alguna forma se convenció a sí mismo que sus acciones criminales estaban justificadas y que el siempre sería el protector de su familia. En 2009 fue condenado a 150 años de cárcel por, entre otros, fraude de valores y blanqueo de capitales.


Adaptación del libro de Diana Henriques (quien se interpreta a sí misma en la película) sobre el caso real del fraude de Bernard Madoff.
La película recorre, de forma no lineal, sino intercalando numerosos flashbacks, la gran estafa perpetrada por Madoff. La historia comienza con la única entrevista que llegó a conceder Madoff al New York Magazine. Desde el primer minuto los recuerdos y la particular visión del protagonista y de algún otro de los implicados, se reproducen y van saltando en el eje temporal recorriendo desde la detención del personaje principal, pasando por cómo se forjó el engaño con sus protagonistas, hasta llegar al juicio que acabó con la ejemplar condena contra el que perpetró el mayor engaño bursátil de la historia.
El epílogo, está cargado de dramatismo y dolor, y nos acerca a lo que las víctimas de este criminal de guante blanco sufrieron, pues entre ellas estaban no solo grandes corporaciones, bancos, fondos de inversión y personas adineradas, sino simples ahorradores e incluso, su propia familia, que sufrió el desprecio y el estigma por ser quienes eran.


Desde luego, la cinta no es perfecta: a una primera hora realmente cautivante le sigue una segunda mitad quizá algo repetitiva, y en ocasiones, echa mano de efectismos exagerados que no terminan de funcionar, pero en general el de Levinson es un buen trabajo.
Una película que en sus momentos más inspirados sabe tocar las fibras necesarias para mover a la vez cabeza y corazón y que esquiva los maniqueísmos para lanzar las preguntas adecuadas: ¿es Madoff un sociópata? ¿Tienen parte de responsabilidad el gobierno o las víctimas, por no haberse responsabilizado del todo de su dinero invertido? ¿Nos lanzamos demasiado pronto como sociedad a declarar culpables a personas sin juicio previo? The wizard of lies lo plantea y deja más o menos claro que este tipo fue un delincuente, pero también deja un lugar para que el espectador saque sus propias conclusiones y mantenga sus dudas o, por contra, exprese su veredicto.
De Niro está muy creíble (cosa normal en él), interpretando con una contención un tanto inhabitual en él y bien caracterizado, de hecho, la autora del libro, cuando iba a rodar las escenas de la entrevista y se vio cara a cara con el actor, confiesa que quedó sorprendida porque le pareció estar de nuevo en la prisión entrevistando al auténtico Madoff. La historia está bien contada y proporciona al espectador una visión bastante imparcial. El guión no se decanta moralmente, y más allá de contar la historia con el mayor grado de fidelidad posible, se consiguen los instrumentos necesarios para tener una idea aproximada del escándalo que sacudió al mundo financiero en Wall Street y que arruinó a tantos y tantos ahorradores e inversores.


Tiene algunas escenas muy logradas, como aquella en que el matrimonio (muy bien asimismo Michelle Pfeiffer en su interpretación) se va a la cama a tomarse pastillas con intención de suicidarse y otra que me gustó mucho, la de la fiesta en la playa al ritmo de Sweet Caroline, que muestra cómo vive esta gente y quienes les rodean, en medio de la opulencia, el lujo, el esplendor y el menosprecio a los inferiores, que somos la inmensa mayoría.
Recomendable para el que quiera pasar el rato y conocer algunos detalles de cómo se forjó semejante fraude. Realmente interesante como se plasma en la película lo vivido por la malograda familia Madoff y el “Purgatorio” personal al que el cabeza de familia se ve sometido en sus últimos años de vida, quizás mucho peor que la propia condena judicial y el cumplimiento de pena de cárcel.
Una buena excusa para reflexionar sobre el poder, el dinero y su fuerza y cómo un mismo atropello puede resolverse de una forma u otra en función de quien lo perpetre.




miércoles, 21 de febrero de 2018

VERONIKA DECIDE MORIR

Veronika Deklava (Sarah Michelle Gellar) es una joven de 28 años que aparentemente lo tiene todo: belleza, un buen trabajo y una vida confortable. Y efectivamente lo tiene todo menos lo más importante: las ganas de vivir...
Está segura de que a su edad ha logrado todo lo que quería y que en adelante lo único que le puede quedar por hacer eran las mismas cosas de siempre y además llegaría la vejez con sus problemas de salud y la soledad. En fin ella piensa que lo único que le puede faltar por vivir son las cosas malas de la vida, por lo que decide suicidarse ingiriendo pastillas para dormir que se tomaría una por una, porque pensaba que había una gran distancia entre la intención y el acto y, de este modo, si en su camino había algún tipo de arrepentimiento podía dar marcha atrás, además no dejaría marca alguna como el cortarse las venas, o lanzarse desde lo alto del edificio donde vive.
Cuando despierta, tras haber perdido la conciencia, nota que está atada en una cama y con sondas, enterándose más adelante que esta en Villete, un hospital psiquiátrico privado en el que ha sido internada con la conformidad de sus padres, en la confianza de que estará bien atendida por los profesionales del centro y que la ayudaran a sanar.
Allí será atendida por el Dr. Blake (David Thewlis), director de la institución, que le informa que, debido a su intento de suicidio, su corazón ha resultado dañado y solo le quedan unas semanas de vida.


El guión adapta la novela del mismo título del brasileño Paulo Coelho que, en cierto sentido, sabe de sobra el terreno que pisa, ya que fue recluído por su padre tres veces en un sanatorio mental porque lo consideraba un raro. Chico solitario, seguidor del existencialismo y del Mayo Francés, él quería ser un artista, algo que su padre consideró una locura. Ésa es la base de esta novela en la que el autor distingue dos tipos de locuras no patológicas: la positiva ("acepta las diferencias y está bien vista por la sociedad porque es productiva") y la negativa, la que padece la protagonista. "Ella lo tiene todo, pero está aburrida de la vida y ha perdido el entusiasmo de vivir; y lo más negativo de su locura es que le incapacita para comunicarse con el mundo". Por eso decide suicidarse, aunque yerre en el intento.
"No es porque se sienta mal, es que ya no siente nada", aclara el autor de El alquimista, tras matizar que no ha querido escribir ningún tratado sobre el suicidio. "De hecho, la protagonista empieza a vivir cuando se empieza a comunicar con los demás".


Planteamiento muy interesante, en el que se plasman algunas de las carencias emocionales que acosan al hombre actual en las sociedades desarrolladas y que tienen que ver, sobre todo, con la insatisfacción y la falta de comunicación.
Quizá una de las carencias del guión es que no quedan muy explicadas las razones que han llevado a los protagonistas, sobre todo a Veronika, a la situación en que se encuentran, pero creo que el espectador sabe de sobra de lo que le están hablando.
Bien interpretada y con personajes bastante bien definidos, creo que es un buen trabajo para reflexionar sobre estos asuntos que apuntábamos.
El final guarda una pequeña sorpresa para el espectador, no exenta de un punto de suspense.




martes, 20 de febrero de 2018

A SANGRE Y FUEGO

Esta novela es la primera de una trilogía conocida como “Trilogía polaca”, de la que forman parte también El diluvio y Un héroe polaco.
En una época en la que Polonia, como tal, no existía como estado soberano, hallándose su territorio repartido entre Rusia, Prusia y Austria, el autor, Henryk Sienkiewicz (Premio Nobel de Literatura en 1905), escribe estas obras que convocan al renacimiento del espíritu nacional a través de la evocación de un pasado complicado, pero al tiempo glorioso, en que Polonia era una potencia respetada en Occidente, sobre todo por su papel de barrera contra los intentos de invasión provenientes del otro lado del Dniéper.
El libro se ambienta en la época de la sublevación cosaca de 1648, el atamán Bogdán Jmelnytsky (en la traducción que he manejado se le llama Mielniski) que había entablado pleito con un vecino por la posesión de unas tierras, no sólo ve rechazada su demanda, sino que se ve amenazado con la detención, por lo que huye, refugiándose entre los zaporogos (siervos que escapaban a la estepa huyendo de la presión feudal ejercida por la nobleza polaca), a los que subleva con el argumento de acabar con los privilegios de los nobles. Para conseguir una fuerza militar que no tenía (los campesinos zaporogos carecían de instrucción y armamento), se alió con el, hasta ese momento, enemigo secular, el Khan de Crimea, que aportaría su temible caballería tártara.
La novela tiene una historia paralela en los amores entre la joven princesa Elena Kurzevik y el arrojado capitán polaco Juan Kretuski, que ha de rescatarla de su secuestrador, Bohun, un cosaco que se ha unido a los rebeldes de Mielniski, también enamorado de la princesita a la que pretende desposar contra su voluntad.
Krestuski se verá ayudado en su empeño por un grupo de incondicionales, Miguel Volodiovski, un oficial temerario y prácticamente invencible con una espada en la mano; Longinos Podbipieta, hidalgo lituano, un verdadero Hércules que ha hecho un voto de castidad hasta que consiga emular la proeza de un antepasado que cercenó las cabezas de tres enemigos de un solo tajo, que todo lo que tiene de grande, lo tiene de ingenuo y de buena persona; Zagloba, un hidalgo originario de Rutenia, combatiente voluntario en las tropas del duque Jeremias Visnovieski, un peculiar personaje fanfarrón, fantasioso, gran bebedor, juerguista, que sabe caer bien a quien le trata y que a mí, no solo por sus graciosos embustes, sino porque es tuerto y cada vez explica de una forma distinta en qué circunstancias perdió el ojo, me ha recordado al Kaptah de Sinuhé el egipcio, del que algunas cosas parecen copiadas, si no fuera porque esta novela fue escrita 50 años antes que la de Mika Waltari y, por último, Rendian, el pícaro y fiel criado de Krestuski.
La parte final de la novela, se centra en el asedio de la ciudad fortificada de Zbaraj, defendida por Visnovieski y en cuya defensa están Krestuski y sus amigos. Un combate que Sienkiewicz narra con vigor y al que sabe envolver de toda la épica de los mejores relatos bélicos.
En algunos aspectos, la novela nos resulta, en estos tiempos, un poco anticuada, sobre todo en la definición de algunos personajes, aunque es cierto que el autor no esconde, por ejemplo que Mielniski está cargado de razones para sublevarse, por otro, exagera las cualidades de los nobles, ensalzando valores de tipo espiritual y moral, que hoy quedan un poco fuera de lugar. Otro tanto ocurre con los personajes femeninos en los que virtud y hermosura son lo más apreciado y casi lo único que se destaca.
El libro se adorna con muchos pasajes en los que predomina un tono humorístico que alivia un poco la carga dramática general y que se alternan con otros en los que predomina el heroísmo de los protagonistas, con nombres evocadores que sugieren gestas legendarias y que traen a la cabeza del lector lugares y pueblos guerreros con historias de bravura a sus espaldas.



lunes, 19 de febrero de 2018

LA DECISIÓN DE ANNE

Kate Fitzgerald (Sofia Vassilieva) es una niña de 13 años diagnosticada de cáncer, concretamente padece una leucemia.
Al detectársela, el médico comunica a los padres que Kate necesitará el resto de su vida, transfusiones y trasplantes de algunos órganos vitales a medida que vaya fallando su organismo, y que, para su desgracia, ninguno de ambos progenitores y tampoco su hermano Jesse (Evan Ellingson) es compatible con la niña, además les explica que el banco de donantes es un recurso que está sujeto a muchos factores. Por ello les sugiere la posibilidad de, haciendo uso de la tecnología genética, engendrar una hija mediante fecundación in vitro, que sea compatible con Kate y pueda estar disponible para las futuras donaciones que vaya precisando.
La niña que nace es Anne (Abigail Breslin), que va creciendo con el agobio de tener que estar pendiente de las transfusiones de sangre y médula ósea para su hermana. Cuando cumple once años, consulta al abogado Campbell Alexander (Alec Baldwin) para que la ayude a liberarse de la subordinación a sus padres y ser ella la única que tenga derecho a tomar decisiones sobre su propio cuerpo, sin tener que estar obligada por las necesidades de su hermana.
El prestigioso abogado, decide trabajar para Anne rebajando sus honorarios, mientras Sara (Cameron Diaz), la madre de ambas niñas, obsesionada con la enfermedad de Kate, decide acudir a la corte judicial, para obligar a Anne a ayudar a su hermana.


La película está basada en el libro "My Sister's Keeper" ("El guardián de mi hermana"), publicado en España con el título "Por la vida de mi hermana", de Jodi Picoult.
Hay diferencias entre la novela y el la película, sin duda, la más importante, el final de ambas, aunque el film mantiene bastante bien el tono general de la historia escrita.


El planteamiento es provocador y presenta una serie de importantes problemas éticos, convirtiéndose no solamente en la historia familiar de la lucha por sobrevivir sino en una contemporánea parábola moral.
Excelentes interpretaciones para esta dura historia (como digo siempre en estos casos, porque dura es la vida real) que saca a la palestra los dilemas morales que plantean algunas veces las nuevas tecnologías y los avances en medicina y biología que permiten logros nunca soñados y que van a más, estamos apenas en el umbral de lo que los avances en genética pueden proporcionarnos. Algunas veces las elecciones están claras, pero en otras, se producen situaciones en que no es evidente cuál es la solución ética más razonable, incluyendo los deseos de aquellos a quienes se pretende alargar la vida que, algunas veces son contrarios y se ven en dificultades para no ser sometidos a terapias.
Otra de esas películas para reflexionar, a la que se le acusa desde algunas críticas de ser lacrimógena, algo de lo que disiento, pues a mi parecer, el asunto está tratado con delicadeza y humanidad, contándonos las situaciones desde las perspectivas de los diversos personajes, con cuyas actitudes empatiza el espectador en cada momento, resultando todas las posiciones comprensibles, y metiéndonos de lleno en el dilema de quién tiene la razón, pues cada cual tiene las suyas y, aunque tenemos claro que la pequeña Anne tiene todo el derecho del mundo a no verse obligada a ser una especie de suministradora de piezas de recambio para su hermana, entendemos todas y cada de las posturas de todos y cada uno de quienes se ven involucrados en esta historia tan dura como real.
Una película muy seria, bien planteada, atractiva y que procura huír de los excesos a la hora de abordar este asunto tan delicado y tan actual.




viernes, 16 de febrero de 2018

THE ROAD (LA CARRETERA)

El mundo ha sido destruido por algo que todos ignoran. Podría haber sido un accidente nuclear, o el choque de la Tierra con otra entidad cósmica. O puede que el sol haya implosionado y afectado el planeta como daño colateral de su propia extinción. Cierto día hubo una gran llamarada luminosa, y luego, la nada. La consecuencia de ese cataclismo, fuera lo que fuera, ha significado la desaparición de la energía, de la autoridad y el orden, de la vegetación, de los alimentos. Millones de personas han perecido destruidas por el fuego y las inundaciones, o abrasadas en sus propios vehículos, donde se hallaban sentadas cuando aconteció el desastre, o extinguidas por inanición y desesperanza, en una lenta muerte de la civilización tras el colapso de todo orden concebido.
Un Hombre (Viggo Mortensen) y su hijo (Kodi Smit-McPhee), se desplazan con todas sus escasas y preciadas posesiones: cualquier alimento y ropa que puedan rapiñar, utensilios y herramientas, bolsas de plástico, lonas, mantas y cualquier otra cosa que les mantenga calientes en un exterior gélido, carente de sol y lleno de cenizas por todas partes. Llevan todo eso a sus espaldas y en un carro de supermercado, siempre vigilantes para que nadie se lo robe y atentos y desconfiados cada vez que alguien se cruza en su camino. Su improvisado equipo de viaje y sus cuerpos sucios y desaliñados les dan todo el aspecto de vagabundos. Y eso es lo que son. Eso es lo que son todos cuantos se hallan en esta frontera inerte.


La película está basada en una novela de Cormac McCarthy, con la que ganó el Premio Pulitzer en el 2007. Anteriormente se había adaptado a la pantalla su novela “No es país para viejos”.


No es una película para disfrutar, su retrato de la condición humana es duro y cruel, lo que unido al ambiente opresivo, muy bien acentuado por la excelente fotografía del guipuzcoano Javier Aguirresarobe, nos hace más bien padecer, pero entiéndase bien, el disfrute en todo caso vendrá, como en las buenas películas de terror, de misterio o sobre catástrofes, cuando haya acabado y el espectador reflexione sobre lo que ha visto.


The Road es una historia de aventuras, de terror, una road movie y también una historia de amor entre un padre y su hijo, entre un hombre y su esposa, así como también es la celebración de la inextinguible voluntad de vivir. La cinta resulta una evocación emocionante de la entereza humana, y un examen decidido de las personas en todo lo que tienen de bueno y en todo lo que también tienen de malo.
Una historia de supervivientes en la que si algo queda claro que el peor enemigo del hombre, es el mismo hombre. Aunque el padre no se cansa de repetir que ellos son los buenos, no tiene reparos en negar su solidaridad a quien encuentra en su camino a ninguna parte y en dejarles morir, el único ser bueno es el niño, en un reflejo de que sólo la infancia, aún incontaminada por la experiencia de la vida, es capaz de ver las cosas buenas donde los adultos solo vemos peligros y sospechas de maldad.
Aunque el final parezca que quiere ser una llamada a la esperanza, no está tan claro, depende de lo que espectador interprete.




jueves, 15 de febrero de 2018

LA LEYENDA DE GÖSTA BERLING (GÖSTA BERLINGS SAGA)

En Värmland, en la costa oeste de Suecia, hace más de cien años, un ala de la mansión de Ekeby, estaba destinada a caballeros sin tierra, nobles y ex oficiales del ejército venidos a menos, se les conocía como los 12 caballeros de Ekeby y allí, la señora de la casa, Margaretha Samzelius (Gerda Lundeqvist), conocida también como la Comandanta, esposa del Comandante Samzelius (Otto Elg-Lundberg), les ofrecía refugio.
En la noche de Navidad, están de celebración, como casi siempre, por otra parte. El diablo se les aparece y les reclama el alma de uno de los caballeros para Margaretha Samzelius. En realidad se trata de una especie de juego tramado por el rico y malvado representante del gobierno Sintram (Sven Scholander) y Gösta Berling (Lars Hanson). Este último era pastor en una remota parroquia de Värmland, pero fue expulsado debido a las quejas de la comunidad porque a menudo estaba ebrio. Tras vagar sin rumbo, acaba en el castillo de Borg, no lejos de Ekeby, donde la condesa Märtha Dohna (Ellen Hartman-Cederström) le contrata como tutor de su hijastra Ebba (Mona Mårtenson). Märtha quiere que Ebba se case con Gösta porque si se casa con un plebeyo, perderá sus derechos en el castillo de Borg y su hijo Hendrik (Torsten Hammarén) lo heredará. Hendrik regresa precisamente de Italia, donde se ha casado con Elizabeth (Greta Garbo), hermosa pero sin dote. Ebba es muy piadosa y siente una gran atracción hacia Gösta a quien considera un hombre santo.


La saga de Gösta Berling se basa en la novela homónima de Selma Lagerlöf, la primera mujer que ganó el Nobel de Literatura y fue publicada en 1891. Estamos ante una gran producción que significó la cima de la industria cinematográfica sueca, pero también el comienzo de su declive. Con la partida a América en 1925, al año siguiente del estreno del film, de su director Mauritz Stiller acompañado de Greta Garbo, la actriz lanzada al estrellato por esta película, y del otro director principal del cine de aquel país, Victor Sjöström (que cambiaría su nombre a Seastrom), el cine sueco perdió el puesto conseguido a nivel internacional desde la Primera Guerra Mundial. Regresará a la vanguardia internacional después de la Segunda Guerra Mundial con Ingmar Bergman. Mientras que Greta Garbo se convirtió en una gran estrella en Hollywood, donde realizó con éxito su transición a las películas sonoras, mientras Mauritz Stiller tuvo dificultades para hacer frente al sistema de estudios estadounidenses y regresó a Suecia en 1927.


En realidad Greta Garbo desempeña un papel secundario en esta película, haciendo su aparición después de más de media hora. La actriz principal fue Gerda Lundeqvist, una actriz de teatro a la que se conocía en aquellos años como la Sarah Bernhardt sueca. Sin embargo, Garbo interpretó los dúos más llamativos con Lars Hansson, el protagonista del film, y los programas y carteles de la época mostraban a los dos, o ella sola. La actuación está bien adaptada a la compleja personalidad de los personajes principales: Gösta dividido entre sus diversas pasiones e incapaz de controlar su vida, Elizabeth, casada con el hombre equivocado y que inicialmente se resiste al amor hacia Gösta, y Margaretha que ve en Gösta y Elizabeth una repetición de su propia historia y se debate entre la rebelión y la culpa, utilizando medios extremos para alcanzar la expiación.
La película presenta una narración compleja que se mueve entre diferentes temporalidades presentadas en un orden no cronológico con una sucesión de flashbacks: después de un prólogo en el que vemos Ekeby en 1924, el resto de la historia ocurre en diferentes momentos del siglo anterior, el XIX, y narra las siguientes situaciones que indicamos para mejor comprensión: Margaretha obligada por su madre a casarse con el Comandante Samzelius en lugar de Altringer, del que estaba enamorada, pero que era pobre; Margaretha viviendo con Altringer en Ekeby después de haberse enriquecido y ser maldecida por su madre; Margaretha viviendo en Ekeby con su marido después de la muerte de Altringer; Gösta Berling como clérigo expulsado por problemas con la bebida; Gösta Berling como tutor de Marianne en Borg; Hendrik regresando a Borg con su esposa Elizabeth; Gösta Berling como uno de los Caballeros Ekeby; Margaretha expulsada de Ekeby por su marido; la destrucción de Ekeby; Gösta Berling y Elizabeth enamorándose; la muerte del Comandante Samzelius; la reconstrucción de Ekeby y el regreso de Margaretha que entrega Ekeby a Gösta y Elizabeth.


Los interiores, cuidadosamente construídos, se filman con iluminación y composiciones que nos recuerdan la vida en los ambientes aristocráticos de provincias y también la pequeña comunidad rural de la que Gösta era pastor, que se recrea con una cuidadosa selección de extras, por ejemplo, en la escena en la que Gösta Berling es expulsado de la iglesia. Las escenas interiores contrastan con los espectaculares planos de exterior, con paisajes nevados y el bellísimo entorno natural en que se desarrolla la acción, alternando primeros planos y planos amplios con impresionantes tomas de seguimiento. Este es el caso especialmente de la escena en la que Gösta y Elizabeth, en un trineo, son perseguidos por los lobos, mientras se deslizan por la helada superficie del lago. Otra muy llamativa, es la larga escena que reproduce el incendio de Ekeby. Stiller incluso agrega un toque de humor a la escena de apertura, en la que Gösta invoca al diablo durante la noche de Navidad.
Una brillante adaptación de una novela que era muy famosa en aquel momento, que nada tiene que envidiar a las más famosas producciones de la época firmadas por Griffith o Von Sternberg, por citar algunos nombres y en la que Mauritz Stiller muestra una vez más su maestría filmando las pasiones humanas y la naturaleza en su estado más indómito.