martes, 27 de junio de 2017

EL JILGUERO

Tercer libro de la autora norteamericana que le valió el Pulitzer de ficción y que en mí ha dejado sensaciones contrapuestas.
El protagonista, Theo Decker, un niño de 11 años, está en el Museo Metropolitano de Nueva York visitando una exposición de pintura holandesa, cuando se produce un atentado terrorista, una explosión que acaba con la vida de su madre, con la que poco antes ha estado contemplando un cuadro, El jilguero, de Carel Fabritius, un discípulo de Rembrandt que murió con 32 años cuando una fábrica de pólvora cercana a su estudio explotó. Casi toda su obra resultó destruida y de la que se salvó, El Goldfinch (El jilguero), está considerada como la más delicada y conseguida. Cuando Theo logra salir a la calle tras haber atravesado los escombros, en su mochila escolar, lleva el cuadro de Fabritius.
La novela comienza con el protagonista en la habitación de un hotel de Amberes, leyendo y escuchando noticias en holandés que no entiende, temeroso de que la policía le esté buscando, con un crimen de por medio.
Desde ese arranque, nos trasladamos a la adolescencia de Theo, a la muerte de su madre y a la deriva que va tomando su vida, primero viviendo con una familia de clase alta que le alberga en su casa de manera temporal, hasta que aparece su padre, un jugador alcohólico que le lleva con él y con su pareja a Las Vegas, donde conocerá a Boris, un chico ruso cuyo padre trabaja en prospecciones mineras, que ha recorrido medio mundo y cuyo influjo, para bien y para mal, será definitivo en la vida de Theo.
La autora bebe de unas cuantas fuentes, de los clásicos rusos, sobre todo Dostoievski, pero encontramos también rastros de Dickens e incluso de algunos de algunos autores de novela negra (Raymond Chandler, etc.), incluso encontramos un pequeño homenaje al más popular personaje de J.K. Rowling, el mago Harry Potter.
Está escrito en varios niveles, pues se nos narra la vida de Theo con su protector, Hobie, el excéntrico pero amable comerciante y restaurador de antigüedades; el amor platónico que siente por Pippa, la chica que también estaba en el museo en el momento de la explosión; la vida burguesa junto a los Barbour, la familia de acogida temporal y la irrupción de Boris como un terremoto que todo lo sacude y con el que vivirá experiencias de amistad, incluso un escarceo homosexual, se adentrará en el mundo de las drogas y de la delincuencia y mantendrá una relación de amor/odio en la que predomina la amistad y una lealtad ambigua.
Es cierto que hay páginas de simple narrativa, me refiero a que se detiene en descripciones de objetos y personas por el puro placer de hacerlo, que son pequeñas joyas de literatura que se leen por el simple placer de hacerlo, pero en otros momentos, en aquellos en que no alcanza esta brillantez, como quiera que esos largos interludios narrativos tampoco aportan nada, se hacen prescindibles totalmente y en un libro de 800 páginas, llega a hacerse reiterativo por momentos.




lunes, 26 de junio de 2017

CIUDAD DE DIOS

La trama gira en torno a Buscapé (Alexandre Rodrigues), un habitante de la Ciudad de Dios, en Río de Janeiro, que desde pequeño fue testigo de primera fila de la violencia que asola a la favela en cuestión. Buscapé es un niño de 11 años tímido y sensible que observa a los niños duros de su barrio, sus robos, sus peleas, sus enfrentamientos diarios con la policía. Pero él sabe muy bien lo que quiere ser si consigue sobrevivir: fotógrafo. Dadinho (Douglas Silva), un niño de su edad que se traslada al barrio, sueña con ser el criminal más peligroso de Río de Janeiro y empieza su aprendizaje haciendo recados para los delincuentes locales. Admira a Cabeleira (Jonathan Haagensen) y su pandilla, conocida como “O Trío Ternura” que se dedica a atracar los camiones del gas. Un día Cabeleira le da a Dadinho la oportunidad de cometer su primer asesinato.
La película comienza mostrando unos pollos que están siendo preparados para comer, uno de ellos se escapa y una banda de jóvenes armados lo persigue. Buscapé que se encuentra con ellos de frente, cree que quieren matarlo.
En ese momento la historia retrocede  hasta los años 60 y nos va contando cómo ha llegado hasta esa situación el protagonista y cómo los delincuentes dividen parte de los ingresos de sus fechorías con los habitantes de la favela a modo de modernos Robin Hood, aunque en realidad lo que buscan es verse protegidos por ellos.


El guión se basa en el libro del mismo título del antropólogo Paulo Lins que nació en una favela.
Aunque al final de la película se nos dice que está basada en hechos reales, parte del material utilizado se extrajo de las entrevistas realizadas para el proyecto Crime e criminalidade nas classes populares, de la antropóloga Alba Zaluar y de artículos publicados en los periódicos O Globo, Jornal do Brasil y O Dia.


"El primer día que visité el barrio de Ciudad de Dios", cuenta Meirelles, "un niño de once años trató de asaltarme con una pistola". Así que "para poder rodar allí, tuvimos que pedirle permiso al jefe de los narcotraficantes que, casualmente estaba en la cárcel", dice el director. Pero "al final, filmamos en un barrio muy similar, bajo la protección de otro narcotraficante que nos obligó a contratar a su gente y a informarle de todos nuestros movimientos". Por eso la película transpira autenticidad, la apabulllante verosimilitud que surge de cada secuencia, plano y rostro, en un retrato hiperrealista y desolador de uno de los lugares más oscuros de nuestro mundo.


La película tiene mucho de naturalismo y de testimonio, la violencia narrada supera lo imaginable; por ejemplo la escena en que dan a elegir a los niños dónde quieren que les disparen, si en el pie o en la mano, la brutalidad sexual, el asesinato de niños... En este ambiente, la policía también corrupta roba a los delincuentes, los asesina. Se salvan contados personajes, los que consiguen huir de la favela, pero hay una especie de resignación, de creencia en un destino determinista, que impide escapar de las fronteras de la violencia.


Desde luego no es la película ideal para ver comiendo palomitas, se te pueden atragantar. Riete tú de la violencia de Tarantino o de Peckinpah, esto no es Estados Unidos, es peor y Fernando Meirelles lo refleja con toda su crudeza, con secuencias demoledoras tomadas, en ocasiones, desde ángulos poco usuales y que nos recuerdan, salvando las distancias, algunas películas de Tarantino (Pulp Fiction o Reservoir dogs).
Los actores se mueven muy bien en pantalla, dando total verosimilitud a la historia que, por otro lado tiene unos buenos diálogos, está estupendamente ambientada y tiene un montaje sensacional.
A destacar el ritmo de la parte final, la guerra entre bandas, con Ze Pequenho (Leandro Firmino) y Mané Galinha (Seu Jorge) a la cabeza. 
Lo malo de todo esto es que estamos hablando de la realidad, una realidad muy cruel en la que muchas personas mueren cada día; lo bueno, casi todo lo demás.




viernes, 23 de junio de 2017

A.I. INTELIGENCIA ARTIFICIAL

En el mundo del futuro, en el que los efectos de los llamados gases invernadero ya se han dejado notar, inundando ciudades costeras debido al deshielo de los casquetes polares, una de las medidas tomadas para evitar la superpoblación es que las familias que deseen tener hijos deben solicitar una licencia.
La empresa Cybertronics, propiedad del profesor Allen Hobby (William Hurt), desea impulsar la tecnología robótica y crear modelos que sean capaces de amar, no estamos hablando de un amor puramente físico, sino emocional, como el que un niño siente por sus padres.
Los Swintons, tienen un hijo, Martin (Jake Thomas), que se encuentra actualmente en criostasis hasta que se pueda encontrar una cura para una enfermedad debilitante de la que se ve afectado. Su madre, Mónica (Frances O'Connor), se ha visto afectada emocionalmente por esta situación y su esposo, Henry (Sam Robards), empleado de Cybertronics, es elegido por la empresa para participar en una prueba, para ver si su familia puede dar cobijo a un nuevo prototipo creado por la empresa: David (Haley Joel Osment), es la culminación de la investigación de Hobby para fabricar un robot que sea capaz de 'amar'.
Al principio, Mónica está enojada, creyendo que su esposo está tratando de reemplazar a Martin. Sin embargo, trata de adaptarse a David. Henry también le informa que si deciden mantener a David deberán crear un nexo especial con él. Una vez establecido ese nexo mediante una clave que les proporciona la empresa, si alguna vez llega el momento en que ella decidiera no quererlo, debido a que el nexo es permanente, David tendría que ser enviado de vuelta a Cybertronics para ser destruido.


El guión se basa en el relato «los Súperjuguetes duran todo el verano» del escritor británico Brian Aldiss, publicado en 1969, y lo escribieron Kathleen Kennedy, Steven Spielberg y Bonnie Curtis.
En palabras de su propio autor: «es la historia del niño que, haga lo que haga, no consigue complacer a su madre. Esto le deja perplejo pues no se da cuenta de que es un androide, una ingeniosa máquina dotada de inteligencia artificial. Al igual que su único aliado, su osito de peluche»
La película ganó en el 2001 dos Oscar, a la mejor banda sonora y mejores efectos especiales. En el 2002 estuvo nominada al Globo de oro al mejor director, mejor actor de reparto (Jude Law) y mejor banda sonora.


Esta es la película que Stanley Kubrick quiso hacer y no pudo. El relato le había impresionado y propuso a los ejecutivos de la Warner Bros que le financiaran la compra del relato, algo que llevaron a cabo en 1982 y acto seguido, Aldiss se puso a trabajar en el guión con el brillante cineasta, sin embargo no fueron capaces de desarrollar la historia que Kubrick había iniciado como un cuento de hadas. Los años fueron pasando y el guión no llegó a concluirse. Luego, Kubrick encontró otro escollo. Consideró que los efectos especiales, que se hacían en esa época, no eran suficientes, y por lo tanto, la producción de la película era compleja.
Stanley Kubrick falleció en 1999 y nunca rodó «Inteligencia Artificial». Luego, uno de los abogados de Kubrick, impulsado por Aldiss, le mandó el proyecto a Steven Spielberg, amigo de Kubrick y con el que este había hablado en alguna ocasión de su proyecto frustrado. Además Aldiss le había enviado tres relatos más que completaban el esbozo de la película. Steven Spielberg compró los derechos de los otros relatos. Así fue como se produjo la película, que había empezado en la imaginación de Brian Aldiss.


El film, técnicamente impecable y con una espléndida banda sonora de John Williams, nos trae recuerdos de algunos otros relatos de ciencia ficción, por ejemplo es imposible no recordar Blade Runner, pero este tiene identidad propia.
Para muchos críticos y aficionados, sobra la última media hora, incluso hay quien dice que sin ella, sería una obra maestra. Yo soy más condescendiente y pienso que si un final con el protagonista congelado mientras suplica al hada azul que le convierta en humano, hubiera sido brillante, el añadido, es una especie de epílogo que no está nada mal resulto por Spielberg, con ese final no tan feliz como pueda parecer, que invita a la reflexión sobre lo que estamos haciendo los humanos con el planeta.
La interpretación de Haley Joel Osment, quizá el mejor actor infantil de los últimos años, a quien todos recordamos por el Sexto sentido, es brillante a la vez que emotiva.
Una película muy bonita, sentimental, pero a la vez aleccionadora. Un estupendo cuento moderno.




jueves, 22 de junio de 2017

CRÍA CUERVOS

Ana, interpretada por Ana Torrent (siendo niña) y por Geraldine Chaplin (ya adulta), quien también interpreta a la madre de Ana, es la mediana de tres hermanas, hijas de una mujer que tuvo que abandonar su carrera artística para dedicarse a criar a sus hijas, que lo son también de un militar típico de la época de Franco: duro, machista, inflexible para con los demás y licencioso para consigo mismo, interpretado por Héctor Alterio. Ana cree que mató a su padre con un polvo que en realidad es bicarbonato de sodio, y su padre murió mientras estaba en la cama con una mujer. Ana lo quería matar porque se portaba mal con su querida madre, quien sufría los improperios del déspota y la niña llega a pensar que tiene algún tipo de poder sobre la vida o muerte de los demás.
Ana es criada junto a sus dos hermanas con suma austeridad por su tía (Monica Randall) con la ayuda de una sirviente (Florinda Chico). El carácter despótico de la tía la convierte en un nuevo objetivo para los deseos de muerte de Ana, sin embargo la tía no muere y eso decepciona a la niña.
Durante el desarrollo de la trama, Ana ve a su madre, o bien recuerda episodios con ella; también nos habla frente a la cámara, ya adulta, contando su triste niñez y la alegría de la visita a la estancia campestre de los amigos de su familia (los Garontes, cuya mujer tenía relaciones adúlteras con el padre de Ana) en el verano en el que ocurren los hechos narrados en la película.


Con un buen trabajo de actores, con mención especial a las tres niñas, Conchita Pérez, Mayte Sánchez y, sobre todo, una extraordinaria Ana Torrent, estamos ante una película plagada de simbolismo, con constante presencia de la muerte en sus diversas facetas (liberadora, castigo del culpable, inexorable por el paso del tiempo, injusta y dolorosa...).
Pero ese simbolismo, está presente en todo el film, casi en cada uno de los detalles, por pequeños que sean, desde las fotos que contempla la abuela o las patas de gallina que hay en el frigorífico, hasta los juegos de las niñas, todo tiene un significado subliminal que Saura nos presenta de manera inteligente jugando con el tiempo y el espacio.


Algo que nos viene a la cabeza enseguida a quienes hemos visto este film, es la canción de José Luis Perales "Porque te vas", interpretada por Jeanette y utilizada de forma muy acertada por Saura en el film.
Lo otro que recordamos, son los ojos y los gestos de una inmemsa Ana Torrent, en un film que, para mi gusto, es de lo mejor que nos ha ofrecido el cine español.




miércoles, 21 de junio de 2017

LA COPA DORADA

1903, el príncipe Amerigo (Jeremy Northam), hace un recorrido por el Palazzo Ugolini con su amante Charlotte Stant (Uma Thurman). No obstante la relación que mantienen y buscando mejorar su desamparo económico, el príncipe anuncia que se va a casar con Maggie (Kate Beckinsale), hija del multimillonario norteamericano Adam Verver (Nick Nolte).
Lo que no sabe el príncipe es que Charlotte es amiga de la infancia de Maggie, algo que descubre cuando la ve aparecer en Londres como invitada a la boda. Con el pretexto de le aconseje en la compra de un regalo para Maggie, el príncipe va de compras con Charlotte, que le sugiere una antigua copa de oro que al parecer tiene un defecto.
Charlotte es invitada a quedarse con los Verver, el padre de la novia, un viudo que ha acumulado una colección de arte de valor incalculable que planea exhibir en un museo que está construyendo en American City, se sentirá atraído por ella. Tres años más tarde, Charlotte se ha casado con él.
Amerigo y Charlotte reanudan su antigua relación, mientras la madrina de Maggie, Fanny Assingham (Anjelica Huston), desaprueba la forma en que los dos se muestran en público, pero se ve impotente para impedirlo. Sin embargo Maggie no es tan inocente como parece.
El guión se basa en la novela homónima de Henry James.


La película comienza con una recreación de los hechos que ocurrieron en el Palazzo Ugolini siglos atrás, cuando el entonces propietario mandó ajusticiar a su esposa y a su hijo que mantenían relaciones prohibidas. Lo hace con unas escenas meritorias, mezclando tomas directas y otras en que solo se ven las sombras, lo que acentúa el dramatismo de las imágenes, al igual que la excelente partitura de Richard Robbins.
Pero en realidad el asunto principal de la película es otro, aunque también vaya de relaciones prohibidas, las que mantienen el príncipe y la que se convertirá en madrastra de su esposa, y la reflexión que sobre este asunto hace James en su novela y traslada la película a imágenes, sobre el juego de apariencias de cierta clase de burguesía acomodada.
La principal originalidad viene del mensaje que transmite que, en contraposición con las escenas del principio, nos viene a decir que los tiempos han cambiado y hay que tener cierta condescendencia con los errores del prójimo por graves que nos puedan parecer y aunque nos puedan afectar personalmente.
Con un reparto de verdadero lujo y excelente ambientación, vestuario y fotografía, es una película de gran calidad visual y técnica que quizá no llega a enganchar del todo con espectador, pero que resulta muy agradable de ver.




martes, 20 de junio de 2017

EL SECRETO

Richard Papen, un chico californiano que no se lleva demasiado bien con sus padres, llega al Hampden College, una pequeña universidad de Nueva Inglaterra. Una vez allí decide matricularse en griego clásico, aunque en principio no es admitido por Julian Morrow, el profesor de la materia, que mantiene un cupo máximo de cinco alumnos y ya lo tiene completo, acabará siendo aceptado y formará parte de un grupo que ha despertado su atracción durante el poco tiempo que lleva en Hampden: Los gemelos Camilla y Charles Macaulay, Francis Abernathy, Henry Winter y Bunny Corcoran.
La vida de Richard cambiará el día que descubre que, durante una fiesta báquica en la que no estaban ni él, ni Bunny, los otros chicos han matado a un hombre, aunque este hecho no será sino el comienzo de un camino sin retorno que cada vez se complica más y adquiere tintes más dramáticos cuando Bunny es asesinado por los otros (no es un spoiler, esto se desvela al comienzo del libro).
La prosa de Donna Tartt es ágil y fresca y, aunque pueda parece algo increíble, la autora logra hacerla verosímil y desde ese momento tiene al lector en sus manos para llevarle de lo que en principio podría parecer como una reivindicación de los clásicos a un continuo estudio psicológico de personajes y relaciones entre ellos, con algunos momentos no exentos de emoción y tensión.
Seguramente habrá lectores que encuentren inimaginable a este grupo de pretenciosos estudiantes de lenguas clásicas o al hecho de que insistan en pasar tanto tiempo con Bunny, cuando este les resulta un personaje molesto, hasta el punto de que deciden asesinarle, aunque no es menos cierto que Tartt construye una historia que hace explicable que el resto esté en manos de Bunny y tengan que hacer de tripas corazón con él.
En definitiva, el relato de un grupo de jóvenes de moralidad, cuando menos, dudosa, bien escrito, pero quizá poco coherente.



lunes, 19 de junio de 2017

UNA MENTE MARAVILLOSA

Obsesionado con la búsqueda de una idea matemática original, el brillante estudiante John Forbes Nash (Russell Crowe) llega a Princeton en 1947 para realizar sus estudios de postgrado. Es un muchacho extraño y solitario, al que sólo comprende Charles (Paul Bettany), su compañero de cuarto. Por fin, Nash esboza una revolucionaria teoría y consigue una plaza de profesor en el MIT. Alicia Lardé (Jennifer Connelly), una de sus alumnas, lo deja fascinado al mostrarle que las leyes del amor están por encima de las de las matemáticas. Gracias a su prodigiosa habilidad para descifrar códigos es reclutado por Parcher William (Ed Harris), del departamento de Defensa, para ayudar a los Estados Unidos durante la Guerra Fría contra la Unión Soviética.
Sin embargo, junto a esta brillante actividad profesional, Nash ha de convivir con un problema que cada vez se hace más frecuente, pues se está volviendo paranoico, situación que llega incluso a dificultar su tarea como matemático.
En contra de su voluntad y de la de algunos de quienes le rodean que temen que su mente pueda verse perjudicada, Alicia decide pedir ayuda especializada y solicita su internamiento en un centro psiquiátrico.
Tras una dolorosa serie de sesiones de terapia de shock a base de insulina, Nash es liberado bajo la condición de que acepte tomar medicación antipsicótica. Sin embargo, las drogas crean efectos secundarios negativos que afectan su relación con su esposa y, más dramáticamente, a su capacidad intelectual. Frustrado, Nash secretamente deja de tomar su medicación y acumula sus pastillas, provocando una recaída de su psicosis.
El guión se basa en el libro "Una mente prodigiosa" de la periodista del New York Times especializada en temas económicos, Sylvia Nasar, que está considerado como una biografía no autorizada del ganador del Premio Nobel, economista y matemático John Forbes Nash.


Magnífico film, que se llevó los Oscar a la mejor película, director (Ron Howard), actriz reparto de (Connelly) y guión adaptado (Akiva Goldsman) y con una estupenda actuación de Russell Crowe.
Por medio de un hábil recurso, en el que se mezclan la realidad y el imaginario mundo del protagonista, la película consigue salir de lo que sería una película biográfica al uso y más tratándose de un asunto tan poco atractivo para el gran público como los esfuerzos de un matemático por hallar una idea original en el mundo de la economía mediante complicadas fórmulas matemáticas.
Pero además de la lucha de este hombre por controlar, ya que es incurable, su esquizofrenia paranoide, se nos traslada de manera brillante, a la que no es ajena la magnífica actuación de Jennifer Connelly, el sufrimiento de las familias y los seres más allegados a la hora de convivir y tratar de ayudar en su día a día a estos enfermos en una relación que, en los casos más graves, puede ser sencillamente insufrible.
El giro que la trama efectúa hacia la mitad del film, hace que espectador de repente se vea ante una realidad distinta y empiece a comprender y a ponerse en la piel del protagonista y de lo dura que resulta su existencia a partir de que es consciente y asume su mal, y a comprender la no menos dura situación de su esposa.
Estupenda partitura de James Horner, bien fotografiada y con escenas brillantes, en algunos casos conmovedoras, como la de la entrega de plumas por sus colegas que realmente consigue ponerte un nudo de emoción en la garganta.
Recomendable.