domingo, 27 de junio de 2010

EL HÚSAR

Novela corta, escrita en 1983, cuando, según palabras del propio autor, no pensaba en dedicarse a la literatura, de hecho es su primera novela.
Yo he notado muchísimo que está escrita por divertimento, precísamente por alguien que no piensa vivir de esto, pues sin abandonar en absoluto el cuidado y el conocimiento tanto del tema a tratar y de lo que rodea al mismo, como del lenguaje, aquí están lejos todos los "excesos" (por favor, nótese el entrecomillado) que puedan achacarse al Pérez-Reverte consagrado, en esta obra él va a lo que va y por los cielos que lo hace espléndidamente.
La época de las guerras napoleónicas, es una de las preferidas por el cartagenero, en su trayectoria literaria, nos encontramos, además de esta novela, con "La sombra del Águila", "Cabo Trafalgar", "Un día de cólera" y "El asedio"
D. Arturo escribe en esta ocasión de lo que conoce: La guerra. Pero la guerra vista como tal, con todas las miserias, penurias, vejaciones y también la gloria, pero todo, no sólo la parte épica, aunque esta también forme parte del relato.
Hace unos días comentaba "El Conde Belisario", uno de sus personajes habla de que los soldados se pasan la mayor parte del tiempo cavando. Hay una parte, que es la más importante en cuanto al tiempo que ocupa, de la vida de milicia que no viene en los libros, que jamás se cuenta cuando se pretende reclutar nuevas tropas y que consiste en trabajos que poco o nada tienen que ver con lo que uno espera cuando va a vestir un uniforme, esa parte viene reflejada en la novela por la espera, para el protagonista, el subteniente Frederic Glüntz, no hay trabajos desagradables, es un oficial, pero él descubre que la mayor parte de la vida militar es precisamente espera, así transcurren la mayor parte de las poco más de veinticuatro horas que dura la novela.

Ese tiempo lo emplea Pérez-Reverte en contarnos el cambio de mentalidad del joven húsar, que pasa de la mística y la retórica del sable afilado con mimo, las botas bien lustradas, el impecable y llamativo uniforme, su fiel caballo "Noirot" y los sueños de la gloria que espera alcanzar cuando vuelva a ver a su amada Claire; al miedo, el barro, las escaramuzas poco épicas, el sálvese quien pueda, la rapiña, la lucha por la vida, la mierda...
El retrato de un desencanto, eso es esta novela. El desencanto de los ilustrados españoles por la incultura de sus paisanos y la equivocado manera de Napoleón de salir en su rescate; el desencanto por un Rey cobarde y servil; el desencanto por la gloria de las batallas, que en realidad no existe.
En la novela están todas las constantes que van a acompañar a Pérez-Reverte en su trayectoria, al menos en las llamadas novelas históricas, maneja muy bien el lenguaje, los tempos de la historia, mezcla sabiamente las descripciones del pasado de Frederic Glüntz, su vida regalada y sus ansias de gloria, la fiesta en la que conoce a Claire, todo aquello que cuando lo rememoramos al finalizar la novela cobra un aspecto trágico. Magníficamente retratada la unidad de húsares, la "crème de la crème" de la caballería ligera, el contraste entre los bisoños e impetuosos soldados y oficiales y los veteranos que saben de qué va a quello de verdad.
Un estupendo relato sobre la miseria de la guerra y todo el desastre que la rodea que poco o nada tienen que ver con los sueños de grandeza y sí con lo que el reportero de guerra-novelista conoce: miseria, cadáveres, heridos, sangre, miedo, frío, mentira, horror. ¿Dónde está la hermosura de la batalla? El propio protagonista tiene que bajarse los pantalones para aliviar los retortijones de sus tripas y divaga con lo ridículo de que aparezca el enemigo en aquel momento.
Los que ya conozcan la obra del autor, disfrutarán con ese peculiar mundo suyo, con su conocimiento de las armas y del lenguaje militar, con esos personajes suyos que parecen héroes que están de vuelta, con los viejos soldados que miran de soslayo a los bisoños.
Quienes no hayan leído nada de él, tienen aquí un relato fascinante, que te va ganando y va subiendo de tono hasta desembocar en el inevitable final.
Junto a "La sombra del Águila", de lo que más me ha gustado de D. Arturo.


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