lunes, 12 de septiembre de 2011

JARHEAD

Supongo que a más gente que la haya visto, le ocurriría como a mí al comenzar a ver esta peli, que se acordó de La chaqueta metálica de Kubrick, es imposible no hacerlo para quien haya visto ambos films, el comienzo nos augura que aquello que vamos a ver va de lo mismo o de algo similar.
Sin embargo Sam Mendes sólo hace una pequeña introducción que, al tiempo, le sirve para rendir homenaje al maestro.
En realidad la historia que nos van a contar es otra, porque las guerras ya no son lo que eran, al menos esta, la llamada Guerra del Golfo, no lo fue y lo que vemos al principio, la instrucción en el campamento, el discurso avasallador del sargento instructor, las barbaridades (llamadas bromas) que le hacen al novato, las despacha con apenas unos minutos, porque únicamente son una especie de introducción en el meollo del asunto, aunque no dejen de tener su importancia dentro del mensaje global que el realizador pretende transmitir.

Quien vaya a ver una película bélica al uso, quedará decepcionado, esta no lo es, no hay acción exagerada, ni violencia, apenas disparos, y los combates quedan para mejor ocasión. Las únicas peleas que veremos, serán entre compañeros. Y el sentimiento de los soldados es el de no saber qué hacen allí, defendiendo unos pozos de petróleo. Puro egoísmo comercial, frente a aquellos sentimientos de estar luchando por la libertad o por el bien de su patria de otros conflictos que ya pasaron a la historia.

Entonces, ¿qué pretende Mendes con el film?
Supongo que lo que otras películas de las llamadas antibélicas han pretendido antes, demostrar el absurdo de la guerra y desmitificar ese ejército de héroes y caballeros. Si alguna vez fue así, ahora ya no es tal y quienes se alistan son, en su mayoría, muchachos que buscan allí la salida que no tuvieron en la universidad, en un trabajo que no les gustaba o sentirse alguien en una sociedad que les excluye por ser de otro color, de otra cultura o de una clase social baja.

La película está basada en la novela de Anthony Swofford que nos narra sus experiencias como soldado que estuvo destinado en aquel conflicto y, como digo, Mendes aprovecha la ocasión, no sólo para hacer una crítica, sino para mostrarnos una guerra diferente, donde la tecnología y otras consideraciones del mundo actual, hacen que nada tenga ver con aquel despliegue de divisiones de la II Guerra Mundial. Es probable que no llegues a ver al enemigo y también es probable que no llegues a disparar un tiro.

Sin embargo, todas estas posibles críticas, las hace tomando distancia. Se le ha criticado, por ejemplo que no profundiza en algunos aspectos del conflicto, en el porqué de aquella guerra en concreto.
El mismo Mendes opina que si hubiera hecho una crítica directa a la Guerra del Golfo, habría rodado un film con fecha de caducidad.

A medida que va avanzando, nos damos cuenta de que en realidad, aquello es más bien el drama de una persona, un tipo que se ha alistado en el ejército y que cada día que pasa va estando un poco más arrepentido de haberse metido allí, porque se da cuenta de lo difícil que va ser retormar su vida anterior, recuperar a sus amigos, a su novia, a su familia, reintegrarse en su entorno.
La convivencia con los otros hace que, en lo bueno y en lo malo, en la camaradería por un lado y en la cantidad de situaciones sin sentido, por otro, una nueva familia esté surgiendo a su alrededor.

La película es una maravilla de interpretaciones, pero también en el resto de apartados, realización, ambientación y, especialmente, en la magnífica fotografía de Roger Deakins, que nos ofrece una magníficas imágenes del desierto (y más, por supuesto).
La banda sonora, muy conseguida y muy cuidada, como ocurre con casi todos los detalles.

Hay algo que me gustó especialmente y es la particular ironía de Mendes, la peli está cargada de humor sutil: Los soldados jugando al fútbol americano con la equipación antigás y a 40º, para que los de la tele vean lo bien que se mueven con todo aquel atalaje; la tropa animándose para el combate con Apocalypse Now y El cazador (¡pero si son películas antibélicas!); los únicos muertos que hay, son por fuego amigo en los bombardeos, o en un ejercicio haciendo prácticas en el campo de entrenamiento; y esa escena del final en la que un soldado, al tiempo que quema el uniforme de camuflaje, dice: "No volveremos nunca aquí"

Esta es la guerra de hoy, con la tele en directo y los soldados como figurantes de un gran espectáculo.
Y, al final, como siempre... Brillante la escena final en la que el veterano del Vietnam sube al autobús para darles la bienvenida que no les darán en su entorno y ellos se dan cuenta de que un día, serán como él.




6 comentarios:

  1. A mi no me entusiasmó tanto como a tí.
    Es una película correcta, quizás de las más floja de la carrera de Sam Mendes y a años luz de "American Beauty" o la magistral "Camino a la perdición".
    Jake Glykenhall me sigue produciendo la misma falta de credibilidad que en "Brothers" o en "Brokeback mountain";ese hieratismo es francamente desesperante.

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  2. Para mi, esta película es desconcertante. No encuentro indicios de que se trate de una película de guerra, tal como las conocemos, pero tampoco encuentro argumentos para considerarla antibélica. La considero, eso sí, entretenida.

    Saludos cordiales

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  3. Son apreciaciones, Natalia, ya sabes que cada uno tenemos nuestros gustos y así debe ser. Un saludo.

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  4. Pues imagina, José Luis, lo desconcertante que debio ser para los marines norteamericanos (miles y miles), ir tan lejos para nada, porque básicamente eso fue lo que hicieron la mayoría: Nada.

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  5. Yo también creo que es simplemente entretenida y poco más. Pero como tu dices Trecce cada uno tiene su punto de vista y apreciación. Saludos.

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