martes, 3 de enero de 2017

MAQUIS EN EXTREMADURA (EL CASTILLO DE AZAGALA)

La resistencia interior antifranquista, una vez concluída la Guerra Civil, tuvo su expresión más combativa en el Maquis, grupos de guerrilleros, casi siempre de filiación comunista (también anarquistas) o cercanos al Partido Comunista. Gente que luchó con medios propios, aislada y prácticamente sin conexión con el exterior. La Guardia Civil fue la encargada de combatirlos y fueron considerados bandoleros, simples delincuentes comunes.
La actividad de estos grupos en ciertas zonas de España, sobre todo en el Norte, algunas comarcas pirenaicas y las montañas leonesas, en la linde con Asturias y Galicia, han sido estudiadas de manera sistemática y son conocidas, al menos por los aficionados al tema, pero hubo otras regiones donde también actuaron los maquis, que apenas han dado lugar a trabajos aislados.
Una de esas comarcas fue la Sierra de San Pedro, el último sector de la Cordillera Oretana, que se inicia en los Montes de Toledo y se extiende de Este a Oeste penetrando en Portugal a través de la Sierra de San Mamede. Es la divisoria de aguas entre las cuencas del Tajo y del Guadiana y hace casi frontera perfecta entre las provincias de Cáceres y Badajoz. Situados en los lugares más difícilmente accesibles encontramos varios castillos de gran importancia en el pasado, como el de Alburquerque, el de Mayorga, el de Piedrabuena y el de Azagala.
Este último castillo, fue refugio de maquis que operaron en Extremadura, pero antes, durante la Guerra Civil, se fueron reuniendo en él militantes de izquierda que huían de la ocupación por el Ejército de Franco de toda esta zona durante los primeros meses de la contienda. De hecho, desde Azagala se asestaron golpes importantes a los facciosos, como poner en fuga a una columna de falangistas, requetés y guardias civiles que intentaba ocupar el castillo; burlar un ataque aéreo con mercenarios portugueses que bombardearon el castillo y cuando los nacionales, pensando que sólo había cadáveres en su interior, se lo encontraron vacío, se enteraron de que sus ocupantes habían sido avisados por una vecina de Alburquerque; o volar un tren con armamento que los italianos llevaban a sus tropas. Como consecuencia de estos y otros golpes, perpetrados en parte con la ayuda de Invisibles (grupos guerrilleros creados a las órdenes del ejército republicano), la estancia en el castillo se hizo poco menos que imposible, pues hasta Queipo de Llano se había hecho eco de la situación y jurado acabar con ellos.
Aunque algunos quedaron en reducidos grupos guerrilleros repartidos por la sierra, la mayor parte de quienes estaban en Azagala, pasaron las líneas franquistas hacia territorio republicano, integrándose en el Ejército Popular y algunos formarían parte de las partidas guerrilleras del XIV cuerpo de ejército.




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