lunes, 13 de marzo de 2017

TRANVÍA A LA MALVARROSA

La historia está ambientada en los años 50, en pleno régimen franquista, y narra el viaje que Manuel (Liberto Rabal), un joven castellonense, realiza a Valencia para comenzar sus estudios de Derecho. El muchacho quiere ser escritor pero su padre se niega y le envía a esta ciudad para hacer de él un hombre de provecho.
Manuel, a sus 17 años, vive su adolescencia sin haber dejado atrás la infancia. Sigue divirtiéndose gastando bromas a los demás aunque ahora sean más elaboradas y retorcidas, como cuando viaja con sus amigos al pueblo vecino y, haciéndose pasar uno de ellos por secretario del gobernador civil, destituyen al alcalde 'en nombre de Franco'. Su padre le ha puesto un ultimátum: ¡O cura o abogado!
Manuel, que ni quiere seguir con el negocio familiar de cítricos ni se ve como cura, se va a la capital, Valencia, para estudiar Derecho e intentar volver a ver a la chica de sus sueños, Marisa (María Rodríguez).
El joven es una persona emprendedora y curiosa a la que le encanta pasear por la ciudad. Algunos días, durante esos paseos, cree reconocer a Marisa, una de las veces a bordo de un tranvía que se dirige hacia la playa de la Malvarrosa, por lo decide tomar el tranvía y seguirla.
La férrea educación católica que su padre le ha inculcado le impide mediar palabra con la joven por lo que pierde la oportunidad de conocerla.


La película está basada en la novela homónima de Manuel Vicent, el cual se inspiró en sus propias vivencias para escribirla.
Lo cierto es que la novela de Vicent, abunda en descripciones y en relatar el entorno de la Valencia de la época (finales de los 50), pero a la hora de querer llevar eso a la pantalla han caído en una suerte de superabundancia de ambientación y además, bajo mi punto de vista, lo han hecho con poco criterio. Lo digo porque en la película vemos un montón de cosas relacionadas con el momento, desde los tranvías, hasta los carteles de publicidad, pasando por la recreación del entorno (mercado, universidad, cafeterías, las mismas calles...), lo que sin duda debió comportar un enorme esfuerzo, pero es que se cae en algo que va más allá del barroquismo, porque los elementos decorativos se introducen sin orden ni concierto, hasta crear una reiteración tal que acaba siendo agobiante y al espectador le puede dar la sensación de acartonamiento. Y es que en todo hay que tener criterio y mesura, por ejemplo, en una de las primeras escenas, se ve en el mismo plano a los gigantes saliendo a desfilar en las fiestas de la localidad donde vive el protagonista, el monumento a los caídos y, en primer término, a unos niños jugando a las canicas. Y situaciones similares se repiten una vez y otra.


La película cuenta con más colaboraciones que actores de reparto. Por supuesto los llamados colaboradores, tienen intervenciones puntuales, alguno, como el caso de Santiago Segura, ni aparecen en pantalla, pues pone la voz en off de la narración. Por cierto, fue la última intervención en cine del gran Vicente Parra.
Por lo demás, la película se convierte en una especie de desfile costumbrista, ya digo que sin mucho criterio y haciendo hincapié en los tópicos para dejar escapar el paralelismo entre la historia personal y el momento social que se vivía en España en general y Valencia en particular, aunque también trata de reflejarlo y, por momentos, parece que lo consigue.
Ese retrato de una época pasada puede resultar entretenido, sobre todo, imagino, para la gente de la ciudad levantina que reconocerá algunos parajes y algunas situaciones que se retratan en el film y puede revivir cómo eran algunos lugares, como el propio entorno de la Malvarrosa, antes de la época de la especulación urbanística.
Por cierto, en un momento del film, se habla del Crimen del cine Oriente, ocurrido en la ciudad de Valencia en esa época.




2 comentarios:

  1. El entorno de la Malvarrosa era fabuloso. Ahora como ocurre en todas las grandes ciudades; esos barrios y pedanías tan típicos y peculiares, se están perdiendo.

    Abrazo Trecce.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Recuerdos de unos tiempos que va a ser difícil que vuelvan.

      Eliminar