martes, 16 de mayo de 2017

LA CIUDAD DE LOS PRODIGIOS

"La ciudad de los prodigios" es la obra más ambiciosa y extensa de Eduardo Mendoza.
En el periodo de tiempo que transcurre entre las dos Exposiciones Universales celebradas en Barcelona –esto es, entre 1888 y 1929–, asisitimos a la ascensión de Onofre Bouvila, repartidor de folletos de propaganda anarquista y vendedor ambulante de crecepelo, hasta la cima de un poderío a la vez delictivo y financiero.
La ciudad, Barcelona, se convierte en otro personaje importante de la novela y, entre estas dos emblemáticas fechas, la narración nos relata cómo va creciendo y cambiando su fisonomía por mor de las nuevas construcciones, de las situaciones sociopolíticas y de los recién llegados que vienen a poblarla.
Puede que lo más llamativo de la novela sea el juego continuo entre realidad y ficción del que Mendoza hace partícipe al lector, que se ve subyugado por la maestría con que el autor mezcla ambas circunstancias, haciendo aparecer personajes históricos y situaciones reales que mezcla con la ficción hasta hacer dudar al lector, sobre todo cuando relata pequeñas anécdotas, prácticamente cotilleos, de si aquello en verdad sucedió o es fruto de la imaginación del escritor.
Junto a Bouvila y otros personajes totalmente ficticios, aparecen, bien relacionados con el protagonista o simplemente mencionados en relación a la trama, el general cartaginés Anibal Barca, Cánovas del Castillo, el príncipe Nicolás I de Montenegro, el Papa León XIII, el torero Lagartijo, Alfonso XIII, su madre, la reina María Cristina de Habsburgo o su esposa Victoria Eugenia de Battenberg, el general Primo de Rivera, los alcaldel Francesc Rius i Taulet y Darius Romeu i Freixa, Antonio Gaudí, además de San Restituto, Santa Leocadia, Santa Quiteria, San Ezequiel, Santa Lucía, Santa Eulalia y muchos más personajes históricos que, como digo, se entremezclan con los ficticios.
Onofre Bouvila, es un personaje en el que se realizan los sueños de todos quienes se han visto obligados a llevar una vida sin futuro, muchas veces al servicio de los poderosos, y por su mediación se cumplía una venganza colectiva. Y si efectivamente ha sido un malhechor, ¿qué más da?, decían sus conciudadanos, ¿acaso le cabe a un hombre hoy en este país otra salida? Gracias a las aventuras del protagonista, la novela tiene buen ritmo y su lectura se hace amena, además, de cuando en cuando, el particular e inteligente sentido del humor de Eduardo Mendoza, sale a relucir para redondear este singular juego de realidad y ficción que despierta la imaginación del lector y que viene a conseguir una maravillosa novela.



4 comentarios:

  1. Ya la ley y casi la tenía olvidada hasta que te he leído la reseña. Mendoza tiene buenas y malas novelas.

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  2. Esta me falta de Mendoza; La leeré, seguro.

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